
Rendirse a Dios es entregarle el corazón. Un mensaje sobre soltar el control, abrazar la paciencia y permitir que el Creador perfeccione Su obra en nosotros.
El verdadero cambio nace en el interior; solo Dios transforma el corazón. Lo que anhelas ver manifestado fuera, primero debe ser renovado dentro. No se trata de metas humanas o esfuerzo propio, sino de la entrega absoluta para que Él obre desde lo profundo.
Les daré un corazón nuevo y derramaré un espíritu nuevo en medio de ustedes; les arrancaré del cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Ezequiel 36:26.
La rendición precede a la transformación. Al entregar el control a quien hace nuevas todas las cosas Apocalipsis 21:5, Dios perfecciona integralmente:
El pensamiento y el carácter.
Las inseguridades y el espíritu.
La identidad y la forma de amar.
Esta obra no florece en el afán, sino en la paciencia del día a día. Aunque nuestra naturaleza busque la inmediatez, la plenitud llega al soltar nuestras expectativas y depender de Aquel que dio su vida por nosotros.
No recuerden lo pasado, no piensen en lo de antes. Pues voy a hacer algo nuevo; ya brota, ¿no lo sienten? Isaías 43:18-19.
Vive el presente. Permite que quien comenzó la buena obra en ti, la lleve a su perfección.
Y estoy seguro de que Dios, que ha comenzado en ustedes una labor tan excelente, la llevará a feliz término en espera del día de Cristo Jesús. Filipenses 1:6.
